Cuando necesitamos financiación, podemos recurrir a diferentes productos. Entre los más habituales están los préstamos personales, los créditos y las tarjetas de crédito. Aunque todos permiten disponer de dinero, funcionan de manera distinta y conviene conocer sus diferencias antes de elegir.
¿Qué es un préstamo personal?
Un préstamo personal consiste en recibir una cantidad concreta de dinero que después se devuelve en cuotas y durante un plazo determinado.
Suele utilizarse para afrontar gastos concretos, compras importantes o necesidades puntuales de liquidez. Dentro de este tipo de financiación también existen opciones de préstamos rápidos, cuyo proceso de solicitud suele realizarse online y de forma más ágil.
Antes de contratar cualquier préstamo es importante revisar el tipo de interés, la TAE, las comisiones y el importe total que habrá que devolver.
¿Qué es un crédito?
En un crédito, la entidad pone a disposición del cliente una cantidad máxima de dinero, pero este puede utilizar solo la parte que necesite.
Por ejemplo, si se dispone de un crédito de 3.000 euros pero únicamente se utilizan 500, normalmente los intereses estarán relacionados con la cantidad utilizada.
Esta flexibilidad hace que el crédito pueda resultar útil cuando no sabemos exactamente cuánto dinero vamos a necesitar.
¿Cómo funciona una tarjeta de crédito?
Una tarjeta de crédito permite realizar compras utilizando dinero adelantado por una entidad financiera hasta un límite determinado.
El importe gastado puede devolverse de una sola vez, normalmente a final de mes, o mediante pagos aplazados.
En este último caso conviene revisar bien las condiciones, ya que los intereses pueden aumentar considerablemente el coste final de las compras.
Principales diferencias
La principal diferencia está en cómo se obtiene y devuelve el dinero.
Con un préstamo se recibe una cantidad concreta desde el principio. En un crédito existe un límite disponible que podemos utilizar según nuestras necesidades. La tarjeta de crédito, por su parte, está principalmente pensada para realizar pagos y compras.
También cambia la forma de devolución. Los préstamos suelen tener cuotas y plazos definidos, mientras que créditos y tarjetas pueden ofrecer mayor flexibilidad.
¿Cuál elegir?
La mejor opción dependerá de cada situación.
Si necesitamos una cantidad concreta y queremos conocer desde el principio cómo será la devolución, un préstamo puede resultar más sencillo. Si buscamos disponer de dinero de forma flexible, un crédito puede adaptarse mejor. Y si queremos un medio de pago con posibilidad de aplazar compras, podemos valorar una tarjeta de crédito.
En cualquier caso, antes de contratar financiación es recomendable comparar alternativas, revisar el coste total y asegurarse de que podremos asumir la devolución sin comprometer nuestra economía.